Amor y anarquía, la segunda producción sueca de Netflix, narra la historia de Sofie (Ida Engvoll), una mujer casada de mediana edad, y Max (Björn Mosten), un chico mucho más joven que ella, en clave de comedia romántica. Sin embargo, más allá de los clishés del género, la serie de Lisa Langseth propone varios puntos interesantes que se despegan del lugar común, entre los principales: una pornovenganza y un astuto juego de roles que va subiendo de tono a medida que avanzan los capítulos.

Sofie es una mujer casada con dos hijos que vive en una posición de estabilidad social y económica, inmersa en una rutina que solo le ofrece la resolución de problemas domésticos. La “emoción” parece llegar cuando recibe una oferta laboral para re estructurar la organización de una prestigiosa editorial, y formar a los empleados en el mundo digital. Allí entra en contacto con Max, un joven informático que recién inicia su vida adulta.

Con algo de torpeza y frescura, la historia de Sofie y Max comenzará mediante un chantaje sexual. Por casualidad, Max encuentra a Sofie masturbándose en su oficina (actividad a la que ella suele recurrir como método anti estrés) y le toma una foto. Lo que ella tendrá que hacer para evitar que la foto circule por la editorial, será el pie para el inicio de un divertido pero peligroso juego de roles.

 

Un lápiz labial rojo de Yves Saint Laurant como trofeo es la moneda de cambio de este juego de propuestas que sube cada vez más de tono y compromiso afectivo. A través de las consignas que cada uno le va proponiendo al otro, la relación entre estos personajes de mundos diferentes se va consolidando hasta el punto de la obsesión. Y aquí el dilema: ¿qué hacer?,¿dejar todo?,¿huir?

En este sentido, Amor y anarquía se aleja del lugar común de la comedia romántica y se pone a indagar en cuestiones personales de la vida de cada uno hasta descubrir que, tienen más cosas en común de las que imaginaban. Cuestionamientos sobre la forma de vida y un profundo deseo de libertad son el punto de conexión. ¿Cómo podrán sostener este juego?

Ya desde el título se puede distinguir la estructura narrativa que propone la serie, una especie de juego de dobles necesarios, pero a la vez opuestos que intentan convivir en un mismo tiempo y espacio. Con alusión a la política e historia sueca moderna, lo que Amor y anarquía ofrece es una mirada descontracturada, pero concisa acerca de cómo la vida en la actualidad cambió radicalmente respecto a la de unos 20 años atrás. Por un lado, la irrupción de la vida digital en sectores conservadores, y por el otro la visión del mundo con respecto al lugar que ocupa la mujer en roles de liderazgo y dentro de las estructuras familiares.

Sofie y Max, además de ser la pareja protagonista son dos caras de una misma moneda, y este es el punto más destacable de la serie, porque aporta un condimento más profundo a la típica love story de estructura “chico conoce chica”. También presenta temas como el adormecimiento de los sentimientos, la vida sin cuestionamientos, y el sueño impuesto de lograr un estándar de vida material que deja atrás, muchas veces, el verdadero objetivo de la vida. Con ocho capítulos de cuarenta minutos, Amor y anarquía es una propuesta más que interesante para reflexionar sobre nuestros propios deseos.

 

Por Paula Caffaro.
paula.c@admitone.fun 

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