El ruido de las hojas cruje bajo los pies cansados de una pareja de turistas que recorren la selva australiana. De repente se escucha un ruido fuerte. Uno de ellos cae en una cueva profunda, la otra le sigue. Lo que allí abajo ocurre no es nada agradable. Esta escena funcionará como preámbulo para presentarnos el lugar claustrofóbico, y el monstruo, que serán centro de la historia.

Porque después de este suceso veremos como un grupo de cinco amigos, se alistan en un viaje hacia una cueva desconocida, que no figura en los mapas. Preparados con sus equipos pertinentes bajan a las oscuras cavidades. Todo es novedoso y deciden explorar. Atraviesan pasadizos rocosos hasta llegar a una especie de cenote bellísimo. Pero la emoción de ese descubrimiento dura poco, porque afuera diluvia y las aguas comienzan a subir a un ritmo veloz.

Y lo que aun no saben, es que están acompañados. Mal acompañados por un cocodrilo gigante que se limita a cuidar su territorio. Claro que a partir de aquí comienza una lucha por la supervivencia. No solo por la amenaza latente del animal salvaje y hambriento, sino también por los inconvenientes que surgen para encontrar una salida. Un derrotero asfixiante en el que también saldrán a la luz dramas personales.

Amenaza bajo el agua respeta todos los tópicos de este subgénero. Intenta en todo momento generar tensión, sobre todo por la música, pero las dosis desparejas de acción la limita a un tempo lento y por momentos algo tedioso. A los personajes no llegamos a conocerlos demasiado, a pesar que se plantean dilemas existenciales. Falta más garra, más dientes filosos, más adrenalina, más sangre… una película con buenas intenciones, pero con poca emoción.

Por María Paula Ríos
paula@admitone.fun

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