Si de comedias corales hablamos, esta es una de ellas. Y no de las más acertadas precisamente. Es que es muy difícil contar varias historias paralelas manteniendo un interés semejante, por más super estrellas que tengamos en el reparto. Porque uno de los relatos está protagonizado nada menos que, por una Diane Keaton, libre, desprejuiciada que padece un severo problema de visión, y un obsesivo Jeremy Irons que ejerce como chef protocolar en eventos.

Esta es la una de las historias, dos personas maduras que se encuentran en sus opuestos, entre el trastorno obsesivo compulsivo y una mujer que pisa sin miedo las rayas de las baldosas. Después tenemos un emulo a la Cenicienta, un simpático guía turístico que se flecha a primera vista con una mujer, de la que hará toda una campaña mediática para encontrarla.

La cosa no queda aquí porque también tenemos a una especie “arruinadora de bodas”, que por cuestiones del azar se convierte en la wedding planner de una pareja en la que el novio es candidato político en Boston; y que conoce a un Diego Boneta que, si bien no es Luis Miguel, también oficia de cantante en un simpático barcito. Por último, está el hermano del político, que entra a formar parte de un reality show y debe estar unido con una cadena a una nudista rusa, con el fin de ganar un millón de dólares.

Demasiados relatos y ninguno se profundiza, así como a los personajes, por lo que el interés se difumina entre besos fugaces y tropezones torpes. Claro que todos los protagonistas finalmente confluyen en el casamiento, bailando felices y comiendo perdices. Pero los gags son pocos oportunos, así como su humor apático, y tampoco se refuerza el costado romántico. Amor, Bodas y Otros Desastres, es tibia e inconsistente como un pastel de bodas a medio cocer.

Aquí puedes ver la película.

 

Por María Paula Rios
paula@admitone.fun

 

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