Apostando al terror más clásico, podríamos decir setentoso, llega Bárbaro. También un thriller oscuro y complicado, que deja entrever los resabios de una Detroit arrasada por la crisis. Una ciudad en la que a pesar de su actual “resurrección” económica, todavía sobrevuela fantasmas. El film comienza con una escena lluviosa, en donde Tess (Georgina Campbell) llega a una casa que alquiló vía Airbnb, dado que al día siguiente tiene una entrevista laboral.

Tras varios intentos no logra encontrar las llaves, y cuando está a punto de marcharse, nota que hay alguien mas en la casa. Es así que la recibe Keith (Bill Skarsgård), quien también alquiló el lugar en esa fecha. Es claro que hubo un malentendido. Afuera está fatal, por lo que Keith la invita a pasar la noche. A pesar de que ambos establecen una relación armoniosa, todo se complica cuando Tess decide explorar el sótano y descubre un verdadero laberinto de túneles… y una presencia extraña.

La cosa no queda aquí, también se verá involucrado el actor, recientemente acusado de abuso sexual, AJ Gilbride (Justin Long). Dueño de esta propiedad ubicada en un barrio en ruinas de Detroit, que decide ir revisarla (y de paso escapar del asedio mediático) para después ponerla a la venta. Los protagonistas estarán implicados en una verdadera lucha de supervivencia debido al oscuro secreto que habita las entrañas de ese lugar.

El realizador sabe jugar muy bien con los tempos narrativos para generar una tensión constante. Va sembrando sospechas de quien (o qué) puede ser la verdadera amenaza todo el tiempo. Es así que se descubren varias historias para todas confluir en un verdadero tour de forcé, que además del horror también involucra un sesgo social. No es casual que la acción transcurra en un barrio olvidado de Detroit, donde solo hay ruinas en lugar que supo ser prospero y colorido. Y que el propietario sea un narcisista que justifica su mal accionar con una mujer.

Una persecución nerviosa donde se desdibujan los roles. Alejado del maniqueísmo, el film muestra solo las consecuencias de un determinado accionar; algunos seres salvajes ávidos de afecto y otros civilizados que son egoístas y mezquinos, que por el contrario no están motivados por una necesidad. Una pesadilla correcta y demencial.

 

Por María Paula Ríos
paula@admitone.fun

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