Ladybug (Brad Pitt), se embarca en un tren bala en Japón. Tiene como encargo hacerse de una maleta mal habida y bajarse en la próxima parada ni bien lo consiga. Pero las cosas se complicarán, porque en este tren de lujo hay varios personajes en juego, que si bien tienen distintas intencionalidades todos están sumidos bajo el influjo invisible de La Muerte Blanca (Michael Shannon). El mafioso más temido de Japón.

Un desfile de interlocutores que se irán vinculando a lo largo de los vagones. Una inocente joven (en apariencia), Prince (Joey King); quien ha empujado al vacío al hijito de Kimura (Andrew Koji) con el propósito que la ayude a asesinar a La Muerte Blanca. También están Tangerine (Aaron Taylor-Johnson) y Lemon (Brian Tyree Henry); dos asesinos a sueldo que poseen la maleta codiciada por Ladybug y deben proteger al hijo del mafioso. Hasta aparece Bad Bunny en el rol de Wolf, otro criminal ligado al capo nipón.

 

 

La acción no cede ni un minuto en esta comedia gore, donde el humor negro y la sangre brillan, pero por su presencia. Pura adrenalina. Personajes tarantinescos, peleas, explosiones, yakuzas, slapstick, ¡hasta un osito kawai! hay en este tren delirante. Una narración certera que sabe ubicar a cada personaje en medio de la vorágine, sin descuidar los diálogos ni el show.

Porque Bullet Train brinda espectáculo puro gracias a las buenas actuaciones, y a las situaciones que crea. Una especie de John Wick, pero con un protagonista psicoanalizado, queriendo cambiar de rumbo, buscando su centro zen. También es una película de enredos. Una película que reúne varios géneros, varios humores, y nos trae a una genial Sandra Bullock (la química con Brad trasciende la pantalla). Diversión y empatía asegurada.

Por María Paula Ríos
paula@admitone.fun

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