En el año 1986 ocurrió unos de los peores desastres ambientales del mundo, específicamente en la central nuclear cercana a la ciudad ucraniana de Chérnobil (en ese momento perteneciente a la Unión Soviética). Fue un accidente sin precedentes, básicamente explotó el reactor nuclear despidiendo gases con altísimos niveles de radioactividad a la atmosfera; provocando a corto y largo plazo todo tipo de daños a nivel climático y de salud, en buena parte de Europa.

Es inevitable no asociar la película con la reciente exitosa serie de HBO, una mirada que hace foco en los experimentos que provocaron el accidente, como se encubrió por las autoridades, así como en la búsqueda de los responsables. Pero aquí se muestra la tragedia desde la mirada de Alexey (Danila Kozlovskiy), un bombero que forma parte activa del rescate de varios de sus compañeros en el momento de la explosión, y que también se involucra en la peligrosa tarea de liquidador, tratando de apagar lo que resta del fuego en la parte subterránea del reactor para que la contaminación no tome dimensiones magnas.

Toda esta odisea épica en medio de un conflicto amoroso: Alexey se reencuentra con un ex amor, Olga (Oksana Akínshina), y descubre que tiene un hijo. Tragedia teñida de melodrama, y párrafo aparte se merece Oksana Akínshina (Lilya 4-ever, Sputnik), sin dudas una de las mejores actrices de la actualidad, y eso que aquí sostiene un papel al borde del abismo de la verosimilitud debido al tenor dramático. Lo cierto es que entre idas y vueltas en esta situación límite, el bombero brindará su vida para servir a su país y salvar a su niño, quién tiene altos niveles de contaminación en la sangre.

Una historia que se revela desde la cotidianidad, desde la gente común que estuvo en el campo de batalla (literalmente), y que omite mencionar el grado de responsabilidad del estado. Que se centra en el hecho trágico y todo lo que esto conlleva; que, a pesar de querer despegarse de una visión estadounidense, termina siendo muy parecida debido a su jactancia nacionalista (por decirlo de algún modo), y su estructura clásica. Todo inmerso en un ambiente claustrofóbico y algo onírico, contado, en gran parte, desde la perspectiva de una telenovela rusa.

 

Por María Paula Rios.
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