Después de Mate-me por favor (2015), Anita Rocha da Silveira nos trae Medusa, una película fascinante que transita varios climas y géneros (musical, thriller, terror, ciencia ficción…), con un trasfondo político y social potente y audaz. Una historia que a pesar de estar sumida en un ambiente un tanto surreal, formalmente hablando, tiene igual o más realismo y universalidad que cualquier documental.

Mariana es una joven que forma parte de un grupo de chicas “decentes” y evangelistas, que a modo de pandilla aleccionan a esas “ovejas descarriadas” que atentan contra las buenas costumbres sociales cometiendo actos inmorales. La intención es que se rediman aceptando las reglas de nuestro señor Jesucristo. Ellas son parte del coro de la iglesia, son mujeres honestas, trabajadoras… que se criaron bajo las reglas de un sistema opresor y despiadado.

Adoctrinadas bajo el influjo del conservadurismo que las obliga a estar casi perfectas también físicamente, un día Mariana en una de sus cazas es atacada por un victima en potencia que le hace un tajo en el rostro. A partir de aquí comienza un proceso de deconstrucción (forzado, reprimido), de nuestra protagonista que se irá extendiendo hacia sus pares. Mariana comienza a ser rechazada por terceros y presa de la lastima de sus compañeras por su nueva condición, hasta que ingresa a trabajar en una clínica en donde asiste a personas en estado de coma.

Aquí también conocerá a un hombre que despertará sus instintos sexuales, lo cual será clave en su proceso de transformación. De plancharse el cabello hasta dejar sus rulos salvajes. De ser sumisa ante su propia amiga hasta hacer oír su opinión… La película no es indiferente a la realidad de su país, sin necesidad de ser explicita alude al poder de estas instituciones religiosas en los procesos de elecciones.

Los valores retrógrados y violentos que se intentan naturalizar; a su vez como se despliega ese mecanismo patriarcal arraigado, sosegando la voz de la mujer. Miles de voces que hacia el final de la historia despiertan y adquieren más fuerza que nunca. Todo esto se deja entrever bajo las luces de neón, bajo formas y climas que bien podrían pertenecer al cine de Lynch, Carpenter, Argento o Sofía Coppola. Mientras que la atmósfera musical compuesta por sintetizadores ochentosos y covers de The Animals o Siouxsie And The Banshees, refuerzan la propuesta. ¿Se lo pueden imaginar?

 

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Por Maria Paula Rios
paula@admitone.fun

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