Bienvenidos a Victoria, una comunidad ideal que parece sacada de los años 50´, construida en medio del abrasador desierto de California. Aquí viven Alice (Florence Pugh) y Jack (Harry Styles), una pareja perfecta, con una casa perfecta y amigos perfectos; además del hecho que hay mucha pasión entre ellos. Las escenas de sexo no se hacen esperar.

Durante el día, Jack, quien es ingeniero, junto a los demás maridos van a trabajar en un misterioso proyecto dirigido por el carismático gurú de Victoria, Frank (Chris Pine); mientras las esposas chismotean en sus piscinas soñadas, hacen compras, limpian la casa y participan de las clases de ballet dirigidas por la esposa trofeo de Frank (Gemma Chan).

Pero no todo lo que reluce es oro, y cuando una de las esposas comienza a comportarse de manera errática y a realizar preguntas, Alice también se cuestiona qué hay detrás de proyecto Victoria, y porqué no pueden salir de ese lugar diseñado para ser “felices”. Esto, acompañado de recuerdos intermitentes que vienen a su memoria, y parecen sacados de otra vida.

Estamos ante una historia compleja, que involucra una realidad montada desde un solo punto de vista, tal como la alegoría de la caverna de Platón. Simbólicamente, se podría ligar a la opresión social que por cientos de años resistió la mujer. Por supuesto que aquí hay algo de eso, del despertar de esa mujer sumisa y anestesiada; que indaga, que averigua que hay más allá de ese conocimiento patriarcal predominante, en este caso el edén de Victoria.

Desde lo formal la estética es impecable, así como la actuación de Pugh, que sostiene todo el relato. Un Harry Styles correcto, sumada la química de la pareja en pantalla, bien acompañan una historia en la se combinan una tensión constante y varios géneros narrativos como la comedia, el thriller psicológico y la ciencia ficción.

Por María Paula Ríos
paula@admitone.fun

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