Old, la nueva película de Shyamalan es, en primera instancia una invitación a reflexionar sobre el paso del tiempo. De la mano de uno de los mejores realizadores de los últimos tiempos, la propuesta gira en torno a mostrarnos cómo no existe nada más importante que disfrutar del momento presente.

Una familia tipo viaja a una isla paradisíaca para pasar las últimas vacaciones juntos. Los padres, Guy (Gael García Bernal) y Prisca Cappa (Vicky Krieps) están en el medio de una separación que, por supuesto, tiene como rehenes a sus dos pequeños hijos Madox (Tomasin McKenzie) y Trent (Alex Wolff). La idea de disfrutar un último verano ya suena lo suficientemente aterradora como para creer que lo que están a punto de vivir lo es aún más. El hotel es soñado y lo único que queda es relajarse en el buffet de comidas exquisitas o nadando con delfines en las cálidas aguas del mar.

Durante el primer desayuno llega una tentadora propuesta: hay una playa ultra secreta a la que solo acceden algunos privilegiados designados por los dueños de las lujosas instalaciones. Los Cappa aceptan y junto con ellos otra familia. El paraíso es real, al llegar se encuentran con una costa desoladamente pacífica y de inigualable belleza. Sin dudas van a recordar esta playa por siempre. Lo que todavía no saben es que sus recuerdos no van a basarse en la belleza del lugar, sino en la espantosa maldición a la que acababan de ser condenados. Algo extraño ocurre en la playa y sea lo que sea no podrán detenerlo.

La cámara inmersiva de Shyamalan es un viaje a las profundidades del ser humano. Con un ritmo interno marcado por la desesperación de los personajes una vez que descubren lo que les está sucediendo, y primerísimos primeros planos que resaltan el paso del tiempo, la puesta en escena de Old es ingeniosa para llevar adelante este relato de esencia surreal. A su vez, la propuesta visual se intensifica con imponentes escenarios naturales que no hacen más que disminuir la presencia humana ante la grandeza de la perenne naturaleza. No hay nada más débil que un humano luchando en contra de fuerzas que ni siquiera llega a descifrar.

Además, la intensidad de la imagen se ve potenciada por un uso muy acertado del fuera de campo. Hay un recorte de cuadro especialmente diseñado para hacernos desear. Una demora del tiempo de representación que podría poner nervioso a más de un espectador. La necesidad de ver es tan imperiosa (y humana), que de forma inteligente Shyamalan sabe cómo dosificar y entregar en cuotas. Hay un fluir incesante del tiempo, y según las condiciones presentes eso sucede muchísimo más rápido de lo normal.

Con una interesante propuesta que nos habla acerca de la intensidad de la vida, Old llega con un relato sencillo a uno de los problemas existenciales más consultados de la humanidad: el paso del tiempo ¿Qué harías si te quedaras varado en la playa secreta junto con los Cappa?

 

Por Paula Caffaro.
paula.c@admitone.fun

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