Desempolvando los cómics, Marvel presenta en la pantalla grande uno de sus tantos superhéroes. En esta ocasión proveniente de Asia, más específicamente de China, conoceremos la historia de origen de Shang-Chi, personaje creado por Steve Englehart y Jim Starlin. Un joven que huye (a los Estados Unidos) de un pasado entre mitológico y mafioso, pero no por mucho tiempo, ya que su destino como héroe de acción con poderes milenarios, es inevitable.

Mucha mística y filosofía asiática se despliegan para contar la historia de Shang (Simu Liu), un joven que es heredero nada menos que de uno de los lideres de la ultra organización mafiosa Los diez anillos. Criado para matar y a la orden de ser un experto en artes marciales, con un padre por demás de riguroso sobre todo después de la muerte de su madre, en una de sus primeras misiones, Shang toma la oportunidad y escapa.

Radicado en Estados Unidos y trabajando con bajo perfil, estacionando autos de lujo, así oculta gran parte de su vida cantando en karaokes y divirtiéndose junto a su gran amiga Katy (Awkwafina, que es todo lo que está bien), hasta que el nombrado sino (o mejor dicho un enviado de su padre) lo encuentra en un bus obligándolo a desplegar todo una coreografía elegante y concisa de artes marciales. Aquí comienza la aventura para este par, que a partir de este suceso deberá asumir responsabilidades.

Dirigida por Destin Daniel Cretton, quién también estuvo a cargo de Capitana Marvel, la película entre extensos flashbacks y escenas de acción pictóricas, indagará de dónde proviene Shang-Chi. Quiénes forman parte de su familia y cuál su legado. Además de lo legendario y tierras fantásticas donde habitan leones fu y dragones milenarios, también hay un flanco cotidiano donde la selfie, el hip hop y el trap, y sobre todo el humor, descomprimen el relato de solemnidad.

Saliendo un poco del molde de la típica película de superhéroes de Marvel (parece que la Fase 4 tiene otras motivaciones), aquí encontramos a un protagonista que asume de manera orgánica su rol, además el combo brinda homenaje al cine de artes marciales y explora de cerca la psicología de su personaje, sin olvidar ese espíritu marvelita (sobre todo al final), abriendo paso a una pelea épica donde los efectos especiales son un poco abrumadores y por momentos plásticos. Hay química, espíritu y algo de aire fresco; es hora de asumir el poder de los anillos y dejarse llevar.

 

Por María Paula Rios.
paula@admitone.fun

 

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