Tras un año convulsionado y con altas expectativas por el estreno de la nueva entrega de Wonder Woman, finalmente tuvo su debut vía streaming y también en cines (en los lugares que ya se encuentran habilitados). La princesa Diana retorna con una nueva aventura, esta vez ambientada en los años 80´, en Estados Unidos, en plena guerra fría; y claro que repitiendo fórmula con Gal Gadot como la superheroína de DC, y Patty Jenkins al mando de la dirección.

Una película con una mirada muy femenina, aunque no ahonde demasiado en cuestiones feministas, más enfocada en la acción, el romance y el melodrama. Aquí la amazona, quien trabaja como antropóloga en el museo Smithsoniano y vaga sin rumbo un tanto anclada en su pasado, siempre recordando al gran amor de su vida, Steve Trevor (Chris Pine); conoce a Barbara Minerva (Kristen Wiig), una tímida y “freak” compañera de trabajo con quien deberá catalogar los objetos, debido a un robo, de una casa de antigüedades.

He de aquí, que entre ellos se encuentra una piedra con grabados en latín, que a simple vista parece no tener valor, pero que culmina siendo una gema antiquísima que concede deseos. Y así comienza el despelote, todos en broma piden deseos y se cumplen. Diana desea que regrese Steve, Barbara quiere ser como Diana, segura y autodeterminada, y entra en juego el mandaloriano Pedro Pascal, como Max Lord, un empresario frustrado, que sabe de los beneficios de la gema y abusará de los mismos creando una desestabilización a nivel mundial.

La cinta es ochentosa en todo sentido, desde su estética pop y colorida, hasta su estructura narrativa, un tanto sobrecargada (con fallas de guion incluidas), con personajes estereotipados y exagerados. Todo excesivo como era esta época. En medio de un conflicto tan maniqueísta como la Guerra Fría, no podía ser de otro modo. Una época también contradictoria que va desde pasiones intensas hasta reflejar la superficialidad de los elementos de la cultura de masas.

O sea, no es la típica cinta de superhéroes, es como una vuelta de tuerca a una soap opera con la diferencia de aquí las mujeres comienzan a ser protagonistas. Tenemos una gran historia de amor, la ambición sin limites personificada en Max Lord (aquí el sesgo social más crítico), y el devenir de una ¿futura villana? hablamos de una Cheetah cegada por la envidia, en pos a un pasado traumático. Claramente en los tres protagonistas vemos tres formas de ejercer el poder. Desde un poder legítimo hasta el coercitivo, sea de forma personal o impersonal, y se intenta hacer una especie de reflexión sobre cómo estos se utilizan.

Mas allá de la artificialidad del relato, la exacerbación de los efectos especiales y una narración que saltea etapas y da las cosas por sentado a un ritmo vertiginoso, la película no deja de ser disfrutable. Se sale de la épica y la solemnidad del superhéroe, para ubicarse en un terreno (dentro de la fantasía que lo caracteriza) más emocional y cotidiano. La empatía vibra en el aire, esperamos que esta persista y que se acentué lo formal en la ya anunciada tercera entrega.

Por María Paula Ríos
paula@admitone.fun

 

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