Basada en la novela del mismo nombre y dirigida por Joe Wrigth, La mujer en la ventana propone un thriller protagonizado por Amy Adams con guiños a la obra de Hitchcock. El encierro de Anna Fox es literal y figurado, atrapada en una casa enorme en el West Side de Nueva York a causa de su agorafobia, transita sus días observando la vida de otros por las ventanas de su hogar.

Entre los muros de la fortaleza que bien supo construir, su vida sucede, por un lado, dentro de la casa con medicación psiquiátrica; pero por el otro, en la calle, ese afuera que ella no puede afrontar. La mujer en la ventana, narra la historia de los límites y el proceso personal del duelo. No se sabe bien qué le pasó a Anna, pero el desarrollo de la trama lo irá revelando.

Anna no puede cruzar el límite físico de su propiedad sin colapsar. Pero las historias que no puede vivir afuera, invadirán su lugar casi como si lo estuviera. Sin nada más que hacer que observar a sus vecinos, Anna vigila su cuadra y todo comienza a espesarse cuando ve una situación sospechosa de violencia en la casa que recién habitada por los Allister, una familia recién llegada de Boston.

Con desesperación por no poder actuar al ver lo sucedido, ella comienza a mover sus fichas dentro de su fortaleza, activando así un raid policial que pronto terminará por desenmascarar lo que realmente le sucede. De esta forma, el llamado de emergencia que activa para salvar a sus vecinos, termina siendo un salvataje personal. La policía dice que Anna tuvo alucinaciones como efecto secundario de su medicación, pero ¿esto es así o sólo es un complot para desorientarla?

El film es un thriller casi de manual, tiene todos los elementos necesarios para satisfacer las expectativas del género a la vez que ofrece aspectos formales que nos remiten a la obra del gran maestro Alfred Hitchcock cuando, por ejemplo, nos regala un plano en el que vemos cómo Anna espía a sus vecinos a través del lente de su cámara, postrada en las sombras de su ventana.

Como esta, encontramos más referencias y paralelismos que se podrían enumerar en una extensa lista de comparaciones. Lo interesante, además del homenaje, es la construcción del suspenso que se va dando por dosis medidas y bien organizadas a lo largo de la trama que recuerda al esplendor del cine clásico de Hollywood.

La mujer en la ventana se sostiene, además, en la buena ambientación espacio temporal que propone: un ambiente amplio con recovecos y un mapa que no podemos reconstruir. No sabemos cuántas habitaciones tiene la casa ni su estado, no sabemos cuántos pisos tiene o si existen salidas de emergencia. Sólo sabemos que Anna está sola y que en el sótano vive un inquilino un tanto fantasmagórico.

En este ambiente se desarrolla la trama del film, dando un lugar muy privilegiado a la propia geografía de la casa y la actitud de Anna con respecto a los hechos. ¿Podrá resolver el caso desde la protección de los muros de su fuerte o tendrá que arriesgarse a cruzar la puerta y enfrentarse no sólo al mundo real sino a sus propios fantasmas? Ya lo puedes averiguar en Netflix.

 

Por Paula Caffaro.
paula.c@admitone.fun

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