Sophie Jones, de Jessie Barr, forma parte de la Competencia Internacional de la edición 35 del Festival de Cine de Mar del Plata. Una cinta indie norteamericana, en donde el personaje principal, Shopie (Jessica Barr, también guionista y prima de la directora), marca el tempo del relato, ya que observamos como atraviesa el duelo de la muerte de su madre, a través de su punto de vista.

Un doble duelo podríamos decir, porque Sophie tiene 16 años y también se encuentra en la transición hacia la adultez. En uno de los momentos claves de su vida, tiene que desprenderse de la existencia física de su mamá, y esto se refleja en sus actos cotidianos y en los vínculos con sus amigos. Ella se muestra todo el tiempo inconforme, caprichosa, se enoja sin motivos… errante, perdida en sus pensamientos.

La película tiene una mirada muy femenina, inclusive el guion está escrito por dos mujeres quienes experimentaron las perdidas de uno de sus padres a muy corta edad, lo que la transforma en una especie de auscultamiento de la conducta de una mujer atravesando este estado. O quizá sea el modo ideal de cerrar etapas después de años de no exteriorizar los sentimientos. Muchas veces el dolor es una de las formas más honestas de transmitir arte, y este es el caso.

El registro de la cinta es muy libre y retrata a Sophie en todos sus humores posibles, esto reforzado con canciones que tratan de acoplarse al estado de ánimo de la protagonista. Es en los pequeños gestos, como el primer plano de una lágrima, o ver el rostro de Sophie mientras escucha una canción, es donde la película más conmueve o nos interpela directo al corazón (me puse cursi). En esos momentos es como si materializará el dolor, ese dolor y esa angustia que ella trata paliar a través de su sexualidad y el erotismo.

Cuando el dolor se hace incomprensible o nos excede, necesitamos atenuarlo de alguna forma. Los comportamientos de Sophie no son más (ni menos) que mecanismos de defensa, para finalmente llegar a la aceptación de lo que le sucede tanto en su mente como en su cuerpo. Con una transformación tan profunda ¿no hay derecho a sentirse caprichosa, indecisa e incomprendida? Una ópera prima naturalista y transparente con grandes actuaciones, que depara un gran futuro a su realizadora, toda una antropóloga de emociones y sentimientos.

Por María Paula Rios.
paula@admitone.fun

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