Recientemente Netflix estrenó La Excavación, un film emotivo que apela a la sensibilidad a través de la reflexión de cómo el pasado material sobrevive al paso del tiempo, mientras la carne y el espíritu se desvanecen casi de forma efímera. La película de origen inglés del realizador Simón Stone, y basada en hechos reales, recupera la nostalgia del pasado con el relato de una historia de clima inmersivo y sútil.

El hallazgo de Sutton Hoo en Suffolk, Reino Unido, fue quizás uno de los más extraordinarios de la época cuando por sorpresa se descubrieron los restos de una embarcación funeraria fechada en el siglo Vll. Un verdadero tesoro medieval que hoy es propiedad del Museo Británico y es exhibido al mundo en calidad de joya. No solo por la grandeza del descubrimiento, sino más bien por la calidad de los objetos encontrados: utensilios que configuran la corporeidad de un pasado inasible para la reconstrucción histórica de una época tan oscura, distante y misteriosa como la misma Edad Media.

La Excavación es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de John Preston (2007) que recupera el hallazgo arqueológico de 1939 en Sutton Hoo en la víspera de la Segunda Guerra Mundial. En este contexto, pone en escena una historia basada en hechos reales apelando a la emoción y centrando el tema del film en una reflexión de corte existencialista cuando se cuestiona sobre el paso del tiempo y la finitud del cuerpo humano tal como se lo conoce. ¿Qué sucede con nuestra memoria? Quizás la analogía de una posible respuesta a esta incógnita ancestral con la perennidad de los objetos encontrados sea la clave para “leer” esta película.

Con un elenco estelar que convoca a personalidades como Carey Mulligan (Edith Pretty), Ralph Fiennes (Basil Brown) y Lily James (Peggy Preston), La Excavación recupera el drama de época de manera inmersiva cuando mediante una delicada definición de paleta cromática y una puesta en escena de época precisa las comparaciones entre la víspera de la tragedia de una nueva guerra y la esperanza de los hallazgos que la tierra pueda ofrecer. Del terracota a una amplia gama de marrones, el color de la película es un personaje más, porque con su presencia confirma la narración del drama y lo mantiene como hilo conductor.

A su vez se ponen en juego elementos de montaje que, acompañados por el diseño de la imagen, conforman una pieza de características amables que invitan a disfrutar de la historia y al ritmo del proceso de excavación, experimentar la emoción del descubrimiento de los hallazgos y fantasear con la idea de poder verlos, en alguna oportunidad, en uno de los salones del Museo Británico en la capital del Reino Unido.

Por Paula Caffaro
paula.c@admitone.fun

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