Nos ponemos un tanto poéticos en el título y en la bajada de la nota, porque la tercera y última temporada de una de las series más populares de Netflix, claro que hablamos de Dark, lo merece. Merece más que atención que una ficción con tremenda complejidad narrativa logre tener una legión de fans dispuestos a aceptar sus reglas sin chistar, episodio tras episodio.

Y tranquilos, porque el final no los va a desilusionar; la nueva temporada tiene todos los condimentos de siempre, desde las historias de amor hasta los viajes en el tiempo, y encima redobla la apuesta repitiéndose, pero de las más variadas maneras.

La intención de esta reseña no es spoilear, quienes siguen la historia ya saben de los personajes principales, sobre todo de Jonas y Martha, de sus yos en el futuro, y de toda esa enorme red genealógica y de conocidos que los rodea. Podríamos decir que aquí todas las piezas sueltas del puzzle comenzarán a encajar, los vínculos de uno con otros, incluidas cuestiones como el incesto inconsciente, el develar qué es el Sic Mundus, o cometer actos irracionales que en otro tiempo y espacio tienen razón de ser.

El arte de los guionistas es estupendo porque no solo demuestran conocimiento de cuestiones científicas, metafísicas y cuánticas, también saben abordar con lucidez el drama y lo humano; la identificación con los personajes es inmediata. Ni hablemos del timing narrativo, ya que, a pesar de que no lo parezca, tienen un control férreo del relato. Saben en que momento brindarnos pistas para que nos despierte curiosidad… y cuando parece que la historia está consumida, no sorprenden con más, con mucho más.

En la tercera temporada pueden imaginarse lo inimaginable, solo (y es lo único) adelantaremos que además de los tres tiempos que veníamos explorando ¡existe otra realidad paralela! donde habitan varios personajes ya conocidos, y otros que directamente allí no existen. Pero tranquilos, como señalamos anteriormente, finalmente conoceremos todos los movimientos de esta banda de moebius. La serie da explicación a todas las relaciones, situaciones, identidades y eventos que quedaron pendientes de la temporada anterior (con la aparición de un deus ex machina incluido), tal las piezas de relojería que manipula Tannhaus.

 

LO SINIESTRO, LO ROMÁNTICO Y LO POSMODERNO

Desde lo formal, otro concepto que toma la serie, además de demostrar una estética popera con elementos de ciencia ficción a los Stranger Things, es el de lo siniestro. Y tiene mucha lógica porque es un concepto muy analizado por el idioma alemán, lugar de origen de sus creadores. Sobre todo, un concepto visibilizado por el mismísimo Freud, quien atribuye que está muy ligado a la angustia, y nuestros personajes viven angustiados. Porque se enteran de situaciones que tendrían que haber quedado ocultas, en el inconsciente, pero de repente se manifiestan en el exterior provocando dolor.

Nuestros protagonistas están impulsados por el deseo, por el amor, justamente por querer dejar de sentir angustia. Claudia quiere que su hija no enferme; Jonas lucha por su amor con Martha, y viceversa; Ulrich quiere encontrar a su hijo desaparecido; Tannhaus quiere volver a ver a su hijo y a su nieta, etc. Todos tienen una motivación para seguir adelante, por todo esto el nudo espacio temporal es cada vez más difícil de desenredar. Es que a esta altura ya no importa tanto la trama en sí, aunque no se descuida, sino las múltiples formas en la que va mutando y soltando pistas.

La tematización de lo siniestro también está presente a través de una estética que alude a los fantasmal, lo apocalíptico, las desapariciones, los hipersofisticados vínculos; Dark exhibe un esquema maniqueo: el bien y el mal, la luz y la oscuridad. Por esto la serie adopta imágenes que alternan entre la ciencia ficción, un pop colorido y el noir. El bosque mágico y primitivo, y el túnel oscuro, funcionan como lugar de tránsito, de escape hacia la nada y hacia el todo (seguimos con el maniqueo).

Indudablemente ya es hora de sintonizar la tercera temporada de Dark, dejarnos llevar y viajar con los protagonistas. Después de pasar de una neta historia de suspenso (primera temporada), debo confesar que en la segunda temporada me pareció un poco abrumador el recurso de la multiplicidad temporal. En la tercera me doy cuenta que el caos es solo una excusa para analizar la complejidad del ser humano… lo único que cobra sentido, es sentir, amar, tocar, y volver a sentir. Una narración fragmentada, romántica y posmoderna. Una narración que no se va a resentir nunca, porque tal como una banda de moebius la misma forma se reformula in eternun.

Por María Paula Ríos.
paula@admitone.fun

Esta nota fue publicada en Fandango Latam.

 

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