Comedia satírica, metáfora social, thriller, también cinta de horror… todo esto y mucho más es Parasite de Bong Joon-Ho, la ganadora a Mejor Película en la última edición de los Óscar, premio más que merecido para este relato inclasificable y original. El coreano nos manipula a su antojo (de buen modo) como lo hacen sus protagonistas y alter egos.

La trama sigue a la familia Kim, desempleada y ansiosa por una oportunidad para reunir un poco dinero. El patriarca, Kim Ki-taek, junto con su esposa y sus dos hijos, arman cajas de pizza para subsistir. Un día surge una oportunidad para Ki-woo, el hijo varón, cuando un amigo lo recomienda como su reemplazo para ser tutor de inglés de la hija de una familia extremadamente adinerada: los Park.

Una vez que se instala en su nuevo y elegante trabajo, a Ki-woo se le ocurre una idea: ¿y si logra engañar a los Park para que contrate a toda su familia? Y efectivamente, cual parásitos, cada miembro de los Kim se emplaza en el organismo huésped, proveedor. El director comienza relatando una comedia satírica, plagada de humor, que a medida que avanza se convierte en una verdadera pesadilla.

Todo esto gracias a una narración y una puesta en escena impecable, sin dejar de lado las solventes actuaciones. Parasite, brinda una visión dura y poco sentimental de estas personas que hacen lo imposible para sobrevivir. Bong mezcla tonos, estados de ánimo y géneros, con una precisión hitchcockiana.

Muy pronto nos daremos cuenta que el comportamiento parasitario no es solo por parte de los Kim (quienes actúan por necesidad y están invisibilizados), sobre todo es de los Park, cuyas vidas extravagantes y derroches, representan el flagelo moral y financiero de una sociedad que exterioriza los síntomas del capitalismo tardío. Bong Joon-Ho no se privada de nada, y eso nos encanta.

Por María Paula Rios.
paula@admitone.fun

Esta nota fue publicada en Fandango Latam.

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