Con la excusa de curar afecciones de la mente por problemas relacionados con la conducta social y traumas del pasado, un grupo de cinco adolescentes es sometido a la terapia de un sospechoso club de rehabilitación. Allí las técnicas utilizadas por la coach a cargo, parecen no surtir el efecto deseado. Sin embargo, y más allá de que las cosas no salen del todo como se esperaban, comienzan a verse algunos cambios en los participantes.

Una piscina olímpica de club es el escenario de la terapia, como si el agua tuviera el poder de purificar lo que la mente de cada uno de los personajes fabrica. Y es justamente el agua la que, tal vez, sin saberlo, termina por tomar un rol fundamental en el desarrollo de la trama. Un personaje más.

El club del renacimiento es un cortometraje muy atractivo visualmente por las paletas de colores empleadas (el colorado de los trajes de baño en contraste con el azul del agua y los azulejos nunca falla) sin embargo, hay un dejo de sabor a poco que queda flotando (valga la comparación).

La sensación es que estamos frente al inicio de algo más grande, queremos saber más de los personajes, pero lejos de ello, el film decide precipitar el desenlace cortando abruptamente el relato. Si se piensa en términos de lenguaje terapéutico, lo que tal vez se buscó es que ese corte final prematuro funcione como una estrategia más del tratamiento de curación.

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Por Paula Caffaro
paula.c@admitone.fun

 

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