Isabel, la mujer que desconocía a Billy Joel

Con el estreno de la cuarta temporada de The Crown el pasado 16 de noviembre por la plataforma de streaming Netflix, la fiebre por la serie que revela la intimidad de la familia real británica ha vuelto a subir. Dirigida por Peter Morgan no hace más que cautivar al público acerándole una mirada ficcional acerca de una de las familias (por no decir la única) que marca tendencia en torno a cuestiones sociales y políticas, así como las relacionadas a la moda y la opinión pública.

Con el eje puesto en el rol que hace casi 70 años ocupa Her Majesty Isabel II, encarnada en una exquisita interpretación de Olivia Colman, The Crown vuelve a sorprender con su incisiva narrativa, un selecto reparto y un especial cuidado por los detalles de época puestos en escena a través de la preocupación por recrear fielmente cada uno de los espacios centrales de la historia como lo son el Palacio de Buckingham, el Castillo de Windsor, Gloucestershire, Highgrove House, el Castillo de Balmoral y el Palacio de Kensington. Locaciones que fueron testigo no sólo de las más acaloradas discusiones, sino de la toma de importantes decisiones que cambiaron para siempre el rumbo de la historia mundial.

Si bien The Crown cautivó desde su primera temporada, la última y cuarta entrega fue, quizás, la más esperada por las ansias de ver cómo serían representadas figuras tan especiales como Lady Di y la controversial Dama de Hierro, ex primer ministra Margaret Thatcher. Además, la intriga de conocer los secretos tras decisiones de relevancia mundial que modificaron la historia contemporánea. La historia cronológica que propone su director, Peter Morgan, abarca con astucia esos momentos cruciales en los que podemos ver, por ejemplo, qué hizo Thatcher luego de declarar la guerra contra Argentina, o llorar con Diana Spencer cada vez que Carlos no volvía a casa. Si bien la familia real está años luz de nuestras vidas, hay algo de cotidianeidad que la serie bien sabe reflejar, y este aspecto, sin duda, es una de las razones por las que colecciona tantos fans.

En relación al punto anterior, otro de los motivos por los cuales hay que ver The Crown es por la mirada oportuna e indiscreta que su realizador nos brinda al entrar incluso hasta en la recámara de la mismísima reina del Reino Unido. Sin privarse de representar detalles íntimos de su majestad, la serie sigue sus pasos viendo cómo detrás de su figura, se encuentra una mujer de carne y hueso que tiene sentimientos. Es cierto que con el paso de los años su investidura fue carcomiendo sus emociones, pero aun así, su misión de deber y servicio es la que hasta el día de hoy ejerce con gran habilidad. En este punto es preciso hacer una mención sobre un hecho que desconocemos su veracidad, pero pone en evidencia una realidad: cómo el Palacio de Buckingham puede ser el sueño de muchos y la cárcel de otros.

Con motivo de la celebración del cumpleaños treinta y siete del Príncipe Carlos, su joven esposa, Diana, decide sorprenderlo con un número de baile al cierre de la gala de ópera motivo del aniversario. Al ritmo de Uptown Girl de Billy Joel, la princesa de Gales mostró al mundo sus dotes artísticos con movimientos y soltura, situación que además de avergonzar a su marido llegó a oídos de la reina a través de la prensa, que en ese momento estaba fascinada con Diana. La anécdota no fue la reacción de Isabel II al escuchar la noticia del evento en palabras de Felipe, su marido, sino la duda que le surgió al escuchar el nombre del tema y el autor de la música elegida por la princesa. “Quién es Billy Joel?” esbozó evidentemente confundida. Pregunta a la que Felipe responde sarcásticamente corrigiendo la manera de pronunciar el apellido del cantante. La pregunta es, ¿alguien que vivió los gloriosos años ’80 puede no saber quién es Billy Joel? definitivamente si, y esa persona tiene nombre propio: la Reina Isabel II del Reino Unido.

Otra razón para no perderse The Crown es para descubrir detalles íntimos de Lady Di, así como su evolución y asenso como fashion icon. Tapa de revistas y diarios de todo el mundo la tuvieron en sus portadas como ejemplo de belleza, sofisticación y clase. No había mujer que no la tuviera como gurú de moda, y la serie, si bien lo esboza de forma un tanto tímida, no recula al momento de desplegar un enorme closet de géneros, estilos y modelos acordes a cada situación en la que se vio envuelta la princesa tanto en su vida pública como en la privada. Desde su look descontracturado y sus famosos jeans, hasta los más elegantes vestidos de fiesta, el sentido estético de Lady Di, fue sin dudas, un punto de inflexión para la moda de los ’80 y principios de los ’90.

El desarrollo del conflicto bélico con Argentina en las Islas Malvinas, es otro de los tópicos más esperados por los fans de estas latitudes. Y si bien, la serie lo esboza, no profundiza demasiado en el tema. Sólo hace referencia con una emotiva escena en la que pescadores argentinos alzan su voz entonando el himno nacional argentino frente a los exploradores ingleses quienes intentaron declinarnos y no pudieron. Y también con algunas escenas en las que, centrándose en la vida privada de Margaret Thatcher, pareciera que la decisión de iniciar acciones bélicas en las islas tuvo más que ver con un agobio personal de la mandataria que una razón de estado. Así mismo, el director se ocupa especialmente de demostrar que Isabel II no estaba para nada de acuerdo con el conflicto. Sin embargo, fue este mismo el que le dio a la ex primera ministra gran parte de la fama mundial.

Por último, hay que hacer una mención especial al casting. Desde la primera entrega de la serie vimos los enormes parecidos físicos y gestuales entre los actores y las figuras, y la cuarta temporada no es la excepción. De una enorme Claire Foy hasta la impresionante Olivia Colman, el rol de la reina estuvo muy bien ocupado. Sin embargo, hay una actriz que no deja de sorprender con su parecido, y es la bellísima inglesa Ema Corrin en la piel de Lady Di. Así como Gillian Anderson en el papel de Margaret Thatcher. Un elenco de renombre y algunas sorpresas son el combo perfecto para hacer de The Crown una serie exitosa y polémica, ya que ni siquiera pasa desapercibida para la propia familia real que comienza a molestarse por algunas escenas en las que claramente no se ven representados ni identificados, pero el protocolo y etiqueta casi les prohíbe pronunciarse públicamente, por lo que, en verdad, jamás sabremos qué hechos fueron reales y cuáles no. Solo no hay que olvidarse que por más biográfica que sea la serie, estamos ante una ficción, por lo tanto, una recreación interpretada por un autor acerca de los hechos.

Por Paula Caffaro.
paula.c@admitone.fun 

Deja un comentario